Múltiples polémicas se han dado y darán en el seno del movimiento sindical de cara al congreso.

Un congreso donde la unidad es nuevamente tensionada, con el centralismo, la perdida de independencia de clase, la policía en la dirección del movimiento obrero, las figuras de presidente y secretario.

Un congreso donde la exclusión de las minorías, la censura de la opinión diferente están arriba de la mesa.

La Unión Ferroviaria ha abonado al desarrollo de una coordinación de sindicatos, que comparte  principios en común,  buscando  un Pit Cnt independiente del poder político, el cumplimiento del estatuto y su meta de alcanzar un mundo sin explotados ni explotadores.

En sentido contrario, es clara la estructura de cúpula centralista, que el reformismo ha venido construyendo, uno de los pilares de esa metodología de acción sindical, es promocionar compañeros/as y colocarlos por encima del resto, con cargos como “presidente” o “secretario general” de algo que no es una central, que en su matriz fundacional es una convención.

Esa construcción de compañeros de primera y de segunda, de iluminados, sagaces versus los que no entienden la “realidad”, es funcional al trampolín que resulta la actividad sindical no independiente, para llegar al parlamento o a un ministerio.

Es funcional a ser furgón de cola de los partidos políticos, se escuchará una sola voz, se acallarán las diferencias.

Nosotros como sindicato, con 80 años de aciertos y errores en la construcción de organización sindical, queremos aportar de cara al congreso algunos breves elementos para la reflexión, para generar anticuerpos contra los liderazgos “iluminados”, que en definitiva se vuelven en contra de la fortaleza del movimiento sindical, cuando los supuestos iluminados emigran en busca del cargo políticos, o cuando fallan.

Concebimos que la dirección del movimiento sindical debe ser colectiva, entre iguales. Los integrantes no deben actuar a título personal. Si ello ocurre debilita el funcionamiento colectivo y promueve o permite una forma de funcionamiento que a la larga desarticula la tarea de conjunto.

Si lo personal, el compañero de “primera”, la vanguardia, prima sobre lo colectivo, el movimiento sindical deja ser algo transformador, pierde su razón de ser, es fácil presa de la cooptación política partidaria.

La igualdad entre los integrantes es la que teje la real fortaleza, no debe haber hijos o entenados, sindicatos “grandes” o “chicos”. Los referentes que produce el colectivo se deben al mismo, no hay lugar para la soberbia o el personalismo.

Es una igualdad que obviamente no excluye la diversidad. Hay características propias que hacen posible que unos cubran mejor que otros determinados roles o funciones. Pero será preocupación extrema que esto se realice en el marco de la orientación colectiva, también es importante el realizar la rotación máxima posible.

De poco sirve lo lindo que hable, escriba u opine los compañeros/as con responsabilidades, si no responden a los acuerdos colectivos generados.

De poco sirve el ejercicio sofista del debate, cuando está el puñal debajo del poncho y se busca barrer la opinión diferente.

La palmadita en la espalda y dejar afuera de la mesa una rama de actividad, para llenarla de brazos de yeso u agentes policiales.

A seguir construyendo formas de acción sindical colectiva, independientes, que busquen de forma concreta alcanzar un mundo sin explotados ni explotadores.

 

Arriba los/as que luchan.