
Tanquetas o coches motores, la falsa seguridad del control social frente al desarrollo popular.
A lo largo de las últimas décadas, el sistema político ha repetido un discurso falso y monocorde, nos dicen que el problema en los barrios populares es sinónimo de crimen organizado y violencia territorial, donde las facciones se disputan el liderazgo de las zonas rojas. Sin embargo, quienes caminamos en los barrios sabemos perfectamente que el Estado nunca brindo una solución y tan siquiera se retiró del Marconi, del Borro o de las zonas postergadas. El Estado está más presente que nunca con cámaras, helicópteros y despliegue constante. El problema real no es su ausencia, sino que su presencia responde a un dispositivo de control social represivo. La policía, como principal aparato coercitivo, opera garantizando el funcionamiento de un negocio transnacional como el narcotráfico. Es un pacto que permite gestionar y disciplinar la miseria en los barrios, mientras los grandes capitales se lavan en el sistema financiero internacional, con el Estado imperialista de Estados Unidos y la gran banca mundial a la cabeza de este engranaje.
Pretenden convencernos de que con tanquetas blindadas van a solucionar un reality que hoy contiene a 17.000 personas presas en un sistema penal colapsado y sin un futuro de mejora sostenida. Es una hipocresía total. El mismo Estado que prohíbe la sustancia es el que aceita los mecanismos de lavado de activos que luego terminan financiando diferentes inversiones opulentas al servicio de aquellos que pretenden trasparentar la ilegalidad en inversión. Mientras desde el Norte nos mandan armas para sostener la violencia interna a modo de donaciones y asegurar que los explotadores sigan succionando la sangre del pueblo, nosotros planteamos que la alternativa para la paz y la productividad real pasa por un lugar opuesto.
Por eso, en el marco de la discusión de esta Rendición de Cuentas, los legisladores deben dejar de pensar en los términos de represión camuflada de inclusión y empezar a discutir en qué se invierte la riqueza que generamos los trabajadores. La encrucijada económica y política de nuestro país se resume en una contraposición material y de clase, o gastamos la plata del pueblo en mantener unas tanquetas para oprimir, o invertimos en coches motores al servicio de aquel que no tiene la posibilidad de trasladarse desde su entorno.
Contraponer la tanqueta al coche motor es contraponer la violencia al futuro. Un sistema ferroviario de pasajeros, barato, eficiente y en manos de los trabajadores, no es solo una vía de comunicación, es una herramienta que conecta localidades, genera oportunidades reales de estudio y trabajo, y le devuelve a la clase obrera su recurso más preciado, el tiempo libre para vivir y organizarse. Un coche motor que vuelve a circular transporta producción e integración real, sin someter a la gente a las lógicas del mercado ni a la disciplina miento de las fuerzas represivas.
Como trabajadores organizados, entendemos que el Estado capitalista no es un benefactor neutral, sino un mecanismo de opresión diseñado para favorecer a los patrones. Por lo tanto, no reclamamos más milicos ni más dispositivos de control en nuestros barrios. Reclamamos menos explotación, más poder en manos de la propia gente y organización social autónoma y sostenida. La paz social no nace del miedo ni de los blindados extranjeros, nace de la justicia social.
La encrucijada es clara, o invertimos en los instrumentos de control que nos imponen desde afuera para reprimirnos, o invertimos en las herramientas ferroviarias que conectan y liberan a nuestro pueblo.
Los trabajadores ferroviarios nos oponemos a reducir la discusión de este tema al nivel de disciplina miento de un militar con la policía o viceversa, también nos oponemos a si realmente importa para que fueron donados estos tanques de guerra nada bueno puede salir de una tanqueta blindada más que violencia y exclusión no pedimos más Estado represor, queremos construir más organización popular para conquistar un mundo sin explotados ni explotadores.
La Unión ferroviaria estuvo meses sosteniendo la olla popular contagiando solidaridad en el corazón del Marconi en plena pandemia junto a muchos sindicatos hermanos nuestra tanqueta era el corazón abierto y la mano tendida.
Por eso nos da rabia que se le haga esto a nuestro pueblo, que se pisotee la memoria histórica sin reparar en el daño, estos tanques están valuados en 15 millones de dólares, bueno sería que las donaciones pudieran venir en forma de coches motores para sostener el servicio de pasajeros de Tacuarembó y Rivera o para desarrollar un servicio ferroviario de pasajeros metropolitano eficiente y popular a cargo de AFE.
¡Coches motores para el pueblo, ni una tanqueta en los barrios!




